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Ojinaga

Templo de OjinagaTemplo de Ojinaga

Antes de entrar al país de los indios chisos, antes de llegar al golfo de México, allí donde los ríos más caudalosos de Chihuahua –el Conchos y el Bravo– mezclan sus aguas, llegó el 13 de junio de 1684 el maestre de campo Juan Fernández de Mendoza y tomó posesión de la tierra a nombre de la Corona española. Pasaron 30 años más hasta que el virrey de Valero ordenó al sargento mayor, Juan Antonio de Trasviña, someter a los indígenas nativos que merodeaban por las riberas de ambos ríos, impidiendo la labor de los misioneros y de los colonizadores.

Para detener a comanches y apaches, los novohispanos establecieron un presidio militar en 1759, al que llamaron Presidio del Norte. Ese nombre le quedó hasta 1865, cuan-do los liberales chihuahuenses, eufóricos por su triunfo, pidieron a Juárez cambiar el viejo nombre por el de Villa de Ojinaga, en cambio, los invasores norteamericanos que se establecieron en la izquierda del río Bravo, conservaron el nombre de Presidio, tan cargado de historia.Ojinaga siguió siendo entrada y salida de berrendos y de aventureros desesperados que desafiaban a víboras y coyotes del desierto. De aquí salió el general Luis Terrazas con su carga de pesos y parientes a buscar amparo y refugio del otro lado del río Bravo, mientras Francisco Villa le pisaba los talones, le quemaba trenes y tomaba a su hijo como rehén.

El paisaje desértico de Ojinaga está envuelto por otro desierto. Como dijo un poeta: el que tenga hambre de infinito y quiera oír el silencio, que viaje a Ojinaga y se pierda entre sus horizontes. Podrá sentir la emoción de pisar un paisaje lunar cubierto de espinas y rocas; podrá imaginar el principio del mundo, cuando los dinosaurios poblaron esta tierra hace millones de años; podrá meter las manos en la arena seca y quedarse con los fósiles de peces y caracoles que algún día vivieron en este Mar de Tetis.

Las noches de luna confundirán los aullidos de los coyotes con los alaridos de apaches y tobosos, que como fantasmas siguen reclamando su tierra. Paisaje de lechuguilla, de flores insólitas que lucen un día y del agave que da la savia para destilar sotol que se hace perlas en la botella y consuela la soledad del desierto.

Ciudad Ojinaga se encuentra a sólo 231 kilómetros al este de la ciudad de Chihuahua, siendo la segunda frontera más importante del estado. Ahora, el viajero puede elegir entre recorrer la sinuosa carretera escénica que pasa por Coyame y el Pegüis o tomar la recién inaugurada autopista de cuota entre Chi-huahua y esta importante frontera, acortando el tiempo del recorrido aproximadamente una hora.

Museo Manuel Ojinaga

Este pequeño museo comunitario que se localiza en la calle Zaragoza y 2a., sector Centro, cuenta con una pequeña sala que exhibe distintos fósiles y osamentas encontrados en la región del desierto Chihuahuense. Asimismo exhibe distintos objetos y documentos alusivos a la Revolución Mexicana.

El Cañón del Pegüis

A 38 kilómetros de Coyame, entre los límites municipales de Coyame y Ojinaga, está este atractivo natural: el majestuoso Cañón del Pegüis, que toma su nombre de la sierra aledaña. El espectáculo de un profundo tajo en la serranía con el río Conchos serpenteando en el fondo resulta insólito en medio del desierto. El Cañón del Pegüis tiene una profundidad de 150 metros y una longitud de 15 kilómetros; en esta zona y durante algunos meses del año, el río se puede recorrer en balsa. Es muy importante que contrate un guía especializado, ya que hay algunos pequeños rápidos en la travesía, que puede durar alrededor de 8 horas.

Manantial Termal del Conchos

Por la misma carretera Chi-huahua-Ojinaga, 30 kilómetros al este de Ojinaga, se encuentra la desviación hacia la presa derivadora <<Ingeniero Fernando Foglio M.>> sobre el río Conchos.

Son cinco kilómetros de buena terracería. Ahí, a la orilla del río, se encuentra un manantial de aguas tibias y cristalinas, que aunque aún no ha sido acondicionado, es posible bañarse en ese ojo de agua, ya que el manantial forma una poza poco profunda donde pueden estar cómodamente varias personas. El paraje es ideal para pasar días de campo.

Polvorillas

Por la carretera Ojinaga-Camargo, a 80 kilómetros al sureste, está la desviación de terracería a Polvorillas. Son 30 kilómetros de buen camino. Se trata de uno de los parajes más impresionantes del desierto chihuahuense, lleno de formaciones rocosas conocidas como piedras encimadas. Es todo un laberinto de rocas en medio del desierto.









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